Para la conservación de la naturaleza

Para la conservación de la naturaleza

El curioso caso de la curruca obsesionada
Escrito por Miguel Gutierrez Gemar   
Jueves, 31 de Marzo de 2011 21:00

Volvíamos Ana Ledesma, Carlos Segovia y yo de un agradable paseo ornitológico por la marisma de Torre de Aires (Algarve - Portugal) el domingo 21-03-11. Al llegar al todoterreno observamos con sorpresa que un pajarillo estaba empeñado en limpiar de mosquitos el parabrisas. Parecía indudable que los mosquitos, normales en una marisma, ofrecían un festín y el nervioso pajarillo se los comía con ansia.

 

 

El pajarillo resultó ser una hembra de curruca cabecinegra. El macho andaba por allí cerca pero tan cauto y prudente como era de esperar en una curruca "normal". Pasaban coches e incluso ciclistas paseando y ella seguía absorta en su apresurada tarea.

 

Observar currucas es difícil por su comportamiento huidizo. Suelen dejarse ver unos segundos, posiblemente para observar al observador, e inmediatamente se esconden en un espeso arbusto. Y si no reparan en nuestra presencia, incluso estando tranquilas y despreocupadas, sus movimientos en la espesura son rápidos y difíciles de seguir.



Después de esperar un poco y grabar con una pequeña cámara de fotos lo que creíamos era una trepidante limpieza del parabrisas, decidimos recuperar la posesión del vehículo. Comprobamos sorprendidos que el cristal no tenía insectos muertos.





 

Desde dentro asistimos a una nueva tanda de picotazos del pajarito contra el cristal y contra los espejos de los retrovisores. Tal vez por casualidad se vio reflejada en el cristal. Y creyendo tener delante una intrusa desafiante en su territorio, no cejaba en su empeño de expulsarla. El trozo de camino donde aparcamos era solo de ella.

 

 

Lo que pudo empezar por casualidad se convirtió en "persecución" incansable. Obviamente buscaba y encontraba lo que esperaba asomándose a los espejos retrovisores y al parabrisas.

 

La obsesión por mantener la zona despejada de competidoras le hizo ser inusualmente atrevida y agresiva. Y es que, como todos sabemos, la primavera la sangre altera.


 
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