Para la conservación de la naturaleza

Para la conservación de la naturaleza

La Serena 2013; La Siberia Extremeña
Escrito por Helena Cantera   
Jueves, 13 de Febrero de 2014 18:17

Este 2013 he vuelto a La Serena después de mucho tiempo, para poder recordar de nuevo lo que es disfrutar de la naturaleza, su vida, sus sonidos y paisajes, acompañada por un grupo estupendo. Así que contaré aquí como ha sido mi reencuentro con esta tierra en la que miles de nómadas hacen un alto en su camino cada Diciembre.

AmanecerSerena

Siempre he recordado esta excursión con Andalus con mucho frío, pero esta vez el clima ha sido inmejorable. Lo que sí fue tal y como lo recordaba fue el reencuentro, la primera toma de contacto en el comedor del mismo hostal de siempre: La panadería. La mañana vino cargada de una niebla que no hacía más que añadirle un principio misterioso a un viaje con nudo y desenlace emocionante. No recordaba algunos detalles, como esa carretera de las golondrinas, recta y larga que parece que atraviesa el mundo entero. Siempre hay paraditas a lo largo de ella, en la que se sacan prismáticos y telescopios. De eso sí que me acordaba bien, de las paradas y paradas en el camino tras el avistamiento de algo interesante y la emoción con la que se acompaña el momento.

GrullasVuelo

Las grullas, que siendo las protagonistas indudables de cada excursión a la Siberia extremeña, cedieron parte de este protagonismo a algún que otro Elanio Azul, una Garza Real, o aquel Morito que apareció sin avisar entre los humedales con su pelaje brillante bajo el sol. Las lavanderas campaban a sus anchas por la orilla del pantano donde hicimos la parada para comer y el sol nos hacía deshacernos de los abrigos. Además, las Avefrías aparecían a cada golpe de prismático, parecían acompañarnos allá por donde fuéramos. Y qué suerte poder haber visto ese grupito de Avutardas, que está vez no fueron ovejas que parecían avutardas, si no avutardas que parecían ovejas. ¡Casi logran pasar desapercibidas! Si no fuera por Carmen, que la suerte del principiante la acompañaba... Así que, sin dudarlo, y tal como marca la tradición, un traguito de licor de guinda (¡qué bueno!) para celebrarlo... ¡Por Carlos! Que ha estado presente en cada momento del viaje, y en cada grulla de las miles y miles que sobrevolaban nuestras cabezas y hacían que nos sobrecogiéramos con el sonido del batido de sus alas cuando estaban cerca.

Localizando Telescopio

El último día, aunque madrugamos mucho, no amaneció antes, como bien asegura el refrán. Pero allá que fuimos con el equipo y algunos con el estómago vacío para no perdernos cómo las grullas atravesaban de nuevo el cielo, poniéndose en movimiento con la salida del sol. ¡Qué bonito fue! Todo en silencio excepto por sus sonoros graznidos mientras las observábamos con la luz (y a contraluz) rojiza propia del amanecer. Esto sí que no lo recordaba así y no entiendo el porqué, ya que me parece que es absolutamente espectacular, algo que hay que vivir y que por mucho que me acerque es difícil de describir.

NieblaSerena

La clausura de este viaje fue de la mejor manera posible: con unas migas que yo diría incluían todo tipo de sabores, colores y texturas posibles. Eso sí, estaban riquísimas. Así que con el estómago lleno y habiéndolo pasado genial entre aves, prismáticos, trípodes, licores, tentempiés y sobre todo entre risas y buenos ratos, volvimos a Sevilla por carreteras y autovías insulsas y nada emocionantes.

Grupo

Participamos: Antonio Alcántara, Manolo Silva, Ana Ledesma, Miguel Gutiérrez, Miguel Ángel Martínez, Lía Martínez, Ruth del Rosario, Primitivo Cantera, Carmen García, Helena Cantera.

 
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