Para la conservación de la naturaleza

Para la conservación de la naturaleza

Jerónimo, el Buitre Negro Francés
Escrito por Carlos Segovia Espiau   
Sábado, 07 de Noviembre de 2009 12:41

 

REINTRODUCCIÓN DE UN BUITRE NEGRO NACIDO EN CAUTIVIDAD: JERÓNIMO (EL BUITRE NEGRO FRANCÉS)

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JERÓNIMO 

El día uno de diciembre de 1986 un grupo de voluntarios de Andalus suelta un Buitre negro nacido en cautividad en un zoológico de Francia.

A pesar del tiempo transcurrido, probablemente ninguno los que participamos en aquella peripecia hemos olvidado la increíble historia de JERÓNIMO, nombre que los franceses dieron al buitre.

Esta increíble historia comienza por el origen de los padres de Jerónimo.

Uno de ellos fue recogido por un automovilista, deambulando por una carretera en el departamento de los Vosgos (Francia) y entregado al G.E.C.N.A.L. (Grupo de estudio y conservación de la naturaleza en Lorena).

Otros dos fueron “sustraídos pacíficamente” del minizoo ambulante donde malvivían, por un “comando” del G.E.C.N.A.L en 1973.

Los tres fueron introducidos en una voladera en el Zoo de Haye (Lorena-Francia), gestionado por el G.E.C.N.A.L. Uno muere rápidamente y los otros dos forman la pareja reproductora.

En 1983 se produce una primera puesta sin éxito. Lo mismo ocurre en el 84 y 85.

Por fin, en la primavera de 1986 nace Jerónimo.

 

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Jerónimo (pollo) en el Zoo en Haye

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Foto de familia. Jerónimo con sus padres

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Jerónimo, pollo volantón 


 

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Boletín GECNAL

 

El 30 de agosto es trasladado en avioneta a Aquitania. Es recogido por Alain Dal Molin, presidente de U.N.C.S. (Unión nacional de centros de recuperación) y experto en rapaces. Allí permanece dos meses en una voladera de 50 metros para fortalecerse las alas.

 

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Nota de prensa francesa

 

El 31 de octubre llega Jerónimo a Sevilla.

Air France lo ha transportado a él y a su cuidador, gratuitamente, hasta Madrid. Iberia, en cambio, se niega a colaborar gratuitamente y es preciso pagar el transporte de Madrid a Sevilla.

Recibido en el aeropuerto de Sevilla por una comisión de Andalus, es llevado a la sede de la Estación Biológica de Doñana (Pabellón del Perú). Hemos convenido con Javier Castroviejo (Director de la E.B.D. en aquella época) que Jerónimo pasará una cuarentena en las instalaciones de la Reserva (El Bolín), en el Parque Nacional de Doñana.

 

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Llegada a Doñana

Entretanto, un grupo de voluntarios de Andalus levanta un cercado en el ámbito de Sierra Pelada (Aroche, Huelva), donde permanecerá el buitre durante 24 días.

 

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Jerónimo en el cercado de Sierra Pelada

También montan una tienda de campaña en las inmediaciones del cercado, donde permanecerá Juan Villar para alimentar y vigilar a Jerónimo.

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Juan Villar con Jeónimo

Asimismo instalamos un comedero para buitres (muladar) en un cerro muy próximo.

La estrategia era la siguiente:

Durante el tiempo de aclimatación cebamos continuamente el muladar, a fin de acostumbrar a los buitres a permanecer en las inmediaciones, y a Jerónimo a su presencia. Nuestro objetivo fundamental era atraer a un bando de inmaduros a los que Jerónimo se pudiera unir después de la suelta.

El Día 1 de noviembre el buitre es transportado desde Doñana al cercado instalado en la sierra.

Al día siguiente ya tiene la compañía de dos buitres leonados. Llegó a compartir cercado (y comida) con tres buitres negros y tres leonados.

Este hecho satisface el primer objetivo de nuestra estrategia que es habituar a Jerónimo a la presencia de otros buitres y a su agresividad ante la comida.

Ante la imposibilidad de acoplarle un emisor para realizar un seguimiento tras la suelta, decidimos marcarlo de forma llamativa, a fin de poderlo distinguir a larga distancia del resto de buitres negros.

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Jerónimo marcado

Para la suelta instalamos un gran cajón con puerta abatible a distancia y un puesto de observación camuflado, desde el que se tiene visión del cajón y del muladar, situado a corta distancia.

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Preparando el cajón de suelta 

Nuestra intención era, cebar el muladar, meter a Jerónimo en el cajón y abrir la puerta cuando los buitres hubieran empezado a comer.

Pero esto era la teoría. La práctica fue distinta.

El día 30 de noviembre metemos a Jerónimo al amanecer en el cajón. El día anterior habíamos dejado una cabra muerta en el comedero.

Dos voluntarios se sitúan en el hide de observación y otros dos en una ladera cercana, para tener una vista general de la zona. Los dos equipos están conectados con radioteléfonos.

Comienzan a bajar cuervos y buitres pero, en varias ocasiones, antes de empezar a comer se alejan. Comenzamos a sospechar que hay algo que los asusta.

Por fin nos damos cuenta del motivo y no es otro que el ruido que hace Jerónimo, dentro del cajón, debatiéndose y dando picotazos a la madera.

Ante esta situación decidimos abrir la puerta, ya que los buitres están posados en las cercanías.

El ruido de la puerta al abrirse espanta a los buitres. Jerónimo tarda varios minutos en salir. Por fin lo hace y emprende vuelo en dirección opuesta al comedero. Lo perdemos de vista entre las encinas.

Iniciamos la búsqueda a pie y lo encontramos posado en una encina. Montamos una vigilancia pero no se mueve. Permanecemos allí hasta que anochece.

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Jerónimo tras la suelta 

A la mañana siguiente sigue posado en al encina.

Aprovechando que están bajando buitres al comedero, lo espantamos en un intento de que se reúna con ellos, pero emprende el vuelo en dirección contraria. La escena se repite en dos ocasiones.

Tras los dos vuelos parece estar agotado, ya que al acercarnos no intenta volar, solo camina.

Decidimos capturarlo y llevarlo al comedero. Lo soltamos desde un cerro a pocos metros de los buitres del comedero. Tras un breve planeo se posa con ellos y permanecen juntos hasta el anochecer.

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Equipo de seguimiento 

Tras varios días de seguimiento constante, con Jerónimo integrado en un grupo de buitres negros jóvenes, levantamos el campamento.

Continuamos aportando comida al muladar con la doble finalidad de controlar la presencia del buitre y evitarle grandes desplazamientos mientras adquiere fuerza y destreza en el vuelo y el planeo.

Durante todo el mes de diciembre Jerónimo siguió frecuentando el comedero, a veces solo y otras, acompañado de otros buitres.

La última vez que lo vimos fue en el collado de Juana Blanca, cerca del lugar donde lo soltamos. Emprendió el vuelo, se fue elevando en círculos alcanzando gran altura, hasta que lo perdimos de vista.

La soltura con que despegó y la facilidad de su planeo nos indica su buena musculación y adaptación a la técnica de utilización de las térmicas.

Tenemos la esperanza de que este Buitre negro “franco-español” esté criando en algún rincón de Sierra Pelada, culminando así las peripecias de su juventud.

 

 

 
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