Han comenzado las labores de fangueo en los arrozales sevillanos cuando quedan todavía tablas por cosechar. Ambas faenas ponen a disposición de las aves una gran cantidad de alimento y hacen que se concentren para aprovecharlo.
Las especies residentes (garcillas bueyeras, garcetas comunes, cigüeñas, garzas reales, etc.) disponen de alimento abundante y fácil. A las migradoras en paso, como el andarríos bastardo, les supone un oportuno avituallamiento para seguir su camino. Las recién llegadas invernantes, como las gaviotas sombrías y reidoras, también llegan oportunamente al festín.
La siega del arroz permite que una variada avifauna se alimente de los granos caídos en el agua o tener acceso a un espacio despejado donde buscar larvas o cualquier cosa que sea comestible. No obstante, es el fangueo el mejor momento para encontrar el alimento "cultivado" en el arrozal y que el hombre no aprovecha.
Unas ruedas de tractor especiales, las gavias, y una maquinaria especial remueve la tierra y entierra los restos del arroz. Y al mismo tiempo sorprende y deja al descubierto una fauna (insectos, cangrejos, batracios, etc.) que vive oculta en el agua o en el barro. Multitud de aves aprovechan precisamente el paso del tractor para atrapar el alimento recién destapado antes de que vuelva a esconderse. Otros, más pacientes, saben que la eliminación de los tallos del arroz va a dejarles despejado un alimento que no se les va a escapar.
El fangueo es el momento más espectacular del inesperado e involuntario efecto beneficioso para la avifauna de la desecación de la marisma para su aprovechamiento agrícola. Lo que nadie previó fue que, a pesar de todo (incluido el cangrejo rojo) pudiese ser aprovechada por una fauna expulsada de sus tierras.
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Resulta irónico que la marisma desecada tenga ahora abundante y sobrante agua mientras Doñana espera seca las primeras lluvias. Resulta difícilmente justificable el uso de los meandros del Brazo del Este para la evacuación del agua sobrante de los arrozales...

