El pasado día dos de febrero perdimos a Juan Villar a los 89 años de edad. Las muchas personas que hemos formado parte del Proyecto Buitre Negro o hemos tenido relación con él nos hemos quedado sin un viejo y entrañable amigo. Juan ha sido, fundamentalmente, una persona buena y atenta, de trato fácil y amable.
Juan vivió gran parte de su vida en el corazón de Sierra Pelada, en la finca Los Ciries, donde durante 40 años trabajó como encargado. Cuando el peso de los años le obligó a jubilarse, se quedaba eternamente en Los Ciries toda una vida dedicada a la dehesa, donde residía, y entre cuyas encinas y alcornoques siempre nos parecerá verlo.
Juan, a la izquierda, junto a Carlos Segovia, delante del cortijo de Los Ciries
Es imposible olvidar aquellas tardes en las que, tras un duro día de censo, parábamos en el cortijo de Los Ciries donde Juan nos recibía con su incansable sonrisa y el semblante y la voz de un hombre noble y tranquilo que transmitía serenidad. El recuerdo de su conversación, junto a la chimenea y acompañada de un buen café preparado por Marcelina, su mujer, nos transporta a una época en la que el reloj no corría tan deprisa y el valor de la compañía era verdadero.
Juan, Marcelina y sus hijos, Juan, Javier, Pablo, Dori, Nena y Marce, apoyaron decididamente la conservación de Sierra Pelada. En la Historia del Proyecto Buitre Negro, Carlos Segovia escribió con gran emoción que los Villar lo acogieron con los brazos abiertos y que contó con la ayuda inestimable de Juan, Javier y Pablo cuando, tras un largo paréntesis y de la mano de Andalus, se retomó el seguimiento de la colonia de Sierra Pelada empezando por los nidos que Juan padre conocía.
Proyecto Buitre Negro, febrero del 2014.

