El fin de semana del 17 y 18 de enero inauguramos las salidas de anillamiento científico de aves del nuevo año.
La tarde-noche del viernes 16 llegamos a la Reserva Biológica de Puerto Moral los habituales: Fran, Manuela, Tracy, Inga y el que escribe la presente crónica: Manolo, acompañados en esta ocasión de José Javier (que va siendo también un habitual) y de Teresa. La casa estaba más bien fría, pues las temperaturas habían bajado, y había llovido algo.
Al día siguiente colocamos por la mañana temprano cinco redes en la zona oeste de la finca, junto a los madroños y los brezos. El tiempo estuvo soleado y se fue nublando por la tarde, con las temperaturas bajas. Por la noche llovió mucho, y el viento sopló muy fuerte. Por suerte, el domingo, aunque el cielo estuvo nublado, no llovió, y a lo largo del día salió algo el sol. Esto nos vino bien, pues las redes se fueron secando, aún así, las aireamos un poco en la casa para que no quedara humedad, sobre todo en las cuerdas de los tensores.
Acentor común (Prunella modularis) Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula)
Sin embargo, los resultados no fueron esta vez nada del otro mundo: anillamos 16 aves, que junto a 9 recpturas, hacen un total de 25. Como siempre, mucha variedad: petirrojo (11 aves), herrerillo (7), mirlo, curruca capirotada, acentor, camachuelo y lúgano (1 de cada). La presencia de las tres últimas especies típica de la época invernal.
Como siempre, también hubo otras cosa: vimos un bonito zorro la noche del viernes al acercarnos a la casa, nos sobrevoló un bando de buitres leonados, y escuchamos el ruido del aleteo de una becada a la que molestamos al ir a controlar las redes. Además, por la noche los cárabos nos dieron una serenata con sus cantos, pues por esta época comienzan a emparejarse.
La guinda la tuvimos a la vuelta, pues con la lluvia caida la noche del domingo, el Chanza estaba crecido, y a pesar de que íbamos en vehículos todoterreno, el cruzarlo tuvo su historia y su dificultad, pero al final lo logramos.
Nada más, hasta la próxima.

